


El hombre de chaqueta camina por la calle con un paparazzi personal que lo graba con un celular. Ante la cámara, el talento muestra los avances de un proyecto, defiende el espacio público de algún antisocial, ayuda a una señora a cruzar la calle o atiende a los damnificados de una inundación.
De pronto, hace una pausa, rompe la cuarta pared y le habla al interlocutor que, acostado en su cama, detiene su scrolleo por veinte segundos para poner un like y/o comentar “gracias, alcalde”, o “qué guapo, alcalde”, o “váyase a la mierda, alcalde”, y luego seguir bajando con el pulgar.
Hoy en día son varias las autoridades que usan las redes sociales para hacer un videoblog de sus cargos, especie de reality en tiempo real en el que difunden y defienden sus interminables labores, esfuerzos y progresos.
– Me gusta mostrar el día a día. Las personas no solo quieren conocer las decisiones de los alcaldes, sino también quién está detrás y cuáles son sus intereses– comenta Jaime Bellolio, alcalde de Providencia.
Los ediles con frecuencia se refieren a las cuestiones que están mal en sus comunas y las medidas que están tomando para resolverlas, las cuales son más o menos populares en los diversos sectores.



Pero también abordan tópicos menos polémicos como la comida en sus municipios, con recomendaciones de lugares en idioma influencer que muchas veces tienen un alcance más allá de sus vecinos afines y potenciales votantes.
– Mi pega es hacerme cargo de la seguridad, del aseo o de los temas difíciles, y eso siempre va a estar. Pero una comuna también necesita buenas noticias. Si nuestras redes fueran solo denuncias y problemas, serían bastante lateras... y, peor aún, no mostrarían cómo es realmente vivir en Ñuñoa, una comuna apasionante– argumenta Sebastián Sichel.
En su rol como alcaldesa de Santiago, la diputada Irací Hassler fue una de las primeras autoridades en ser datera de su municipio.
– A nuestros seguidores y seguidoras les interesaban mucho las recomendaciones de restaurantes de todo tipo, algunas picadas convenientes, cafés bonitos y otros locales. Siempre nos pedían más, así que se nos ocurrió usar el hashtag #ReComiendoSantiago para promover el desarrollo económico local.


En general, estas jefas y jefes municipales buscan fomentar el consumo, destacar ejemplos de emprendedores y mostrar la vida de barrio. “Cada visita a un restaurante, cafetería o comercio es una oportunidad para apoyar a quienes generan empleo y hacen única a nuestra comuna”, dice Bellolio.
“Y de paso, si les llega un par de clientes más, mejor todavía, colaboramos con quienes prefieren Ñuñoa para emprender”, agrega Sichel, quien dice no tener una pauta secreta ni un ranking para elegir las visitas.
– A veces es un negocio de toda la vida, otras un emprendimiento nuevo que vale la pena conocer. Siempre hay alguien que después me dice “alcalde, le faltó venir al mío”, y la verdad es que trato de llegar a todos. Privilegiamos a quienes tienen relación con nuestra tarjeta vecino o con el HUB Ñuñoa.
Por su parte, Hassler dice que jamás ha hecho un canje y que todas las recomendaciones nacen de visitas reales: “Son lugares que, por distintas razones, me parecen dignos de recomendar, ya sea porque la comida es muy rica o porque tienen una propuesta original, son accesibles, tienen una historia patrimonial o representan muy bien la identidad de un barrio”.
Bellolio además asegura estar atento a la contingencia para difundir el trabajo de restaurantes que reciben premios o reconocimientos. “Y también buscamos rescatar locales tradicionales que quizás hoy no tienen tanta visibilidad en plataformas digitales, pero que son parte importante del patrimonio barrial de Providencia”, señala.
Ha visitado negocios como Elkika, restaurant que con sus 80 años de historia es el más longevo de la comuna. “El alcalde es vecino y un cliente habitual. Para nosotros es muy gratificante que visite lugares icónicos como el nuestro”, comentan desde el establecimiento.
Los de ID Coffee, en Ñuñoa, cuentan que Sichel una vez pasó a tomar un café con miembros de su equipo, y le gustó tanto el local que quiso grabar. “Fue muy agradable y, gracias a ese video, llegaron nuevos clientes también”, aseguran.
Hay otros espacios en la ciudad, eso sí, que si bien han valorado la recomendación de algún edil y la han tomado como una señal de “estar haciendo las cosas bien”, también han lamentado ser cuestionados en redes sociales por dar espacio de publicación al representante de algún partido.
“Pero como empresa somos apolíticos y en primera instancia atendemos personas”, aseguran desde un negocio.
Tomás Vodanovic (Maipú) y Max Luksic (Huechuraba) son dos ejemplos más de alcaldes que han compartido datos en sus perfiles. Al igual que los otros mencionados en este reportaje, son autoridades de la “nueva generación”, menores de 50 o incluso 40 años, nativos digitales que además tienen intereses personales por la gastronomía y la cocina.



Como verdaderos foodies, se les puede ver un día en un café de especialidad, otro en un foodtruck de completos y al siguiente en su casa haciendo pasta. En Santiago, Hassler aparecía frecuentemente entre picadas chilenas y asiáticas. Bellolio incluso ha sido jurado de competencias gastronómicas de Providencia. Y en algunos videos, Sichel ha entrado a cocinas de Ñuñoa y participado en el servicio.
Uno de los resultados que los políticos valoran de estos contenidos es el intercambio orgánico de datos que se da con y entre sus seguidores, a la vez que la recepción permanente de invitaciones para conocer nuevas propuestas. Todo esto, dicen, les ayuda a conectar con los vecinos desde un lugar más natural y orgánico.
En algunos casos, los ediles aprovechan de vincular las recomendaciones con avances de su gestión, como el arreglo o iluminación de calles, por ejemplo.
– Estar en terreno no es campaña; es parte de la pega. Si conversar con un cafecito de por medio o entrar a un restaurante para conocer a sus dueños genera más cercanía con los vecinos, bienvenido sea. Lo importante es que esa cercanía sea de verdad y no solo para la foto– cierra Sichel.



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